Otro 20 de mayo que marchamos por Verdad y Justicia con: Carlos Alfredo Rodríguez Mercader

0
718

Sigue siendo parte de esta historia

Carlos Alfredo Rodríguez Mercader nació el 24 de febrero de 1950 en Minas, departamento de Lavalleja, Uruguay. Hijo mayor de Alfredo Rodríguez Luciani y de Amalia Mercader Arrien, hermano de Zolinda.

Vivió en Minas hasta los siete años. Luego la familia Rodríguez Mercader se trasladó a Santa Lucía, Canelones, donde Carlos Alfredo y Zolinda cursaron primaria, secundaria y UTU. Su madre, Amalia Mercader, fue directora de la Escuela Industrial de Santa Lucía y su padre, Alfredo Rodríguez, agrimensor y militante del Movimiento Izquierda Revolucionaria (MIR)

En 1968 se va para Montevideo e ingresa a la Facultad de Ingeniería y a la Escuela Superior de Mecánica de UTU. Obtuvo el título de profesor de Mecánica en el INET (Instituto Normal de Enseñanza Técnica). En 1971 se desempeñó como maestro de tornería mecánica en la Escuela Industrial de Piedras Blancas. Formó parte del gremio de Funcionarios de UTU (OMTUTU).  También en 1971 se casó con Ivonne Trías Hernández, quien al igual que Carlos Alfredo militaba en la Federación Anarquista Uruguaya (FAU).

Su actividad política lo obligó a trasladarse a Argentina a fines de 1972, luego de ser requerido en agosto de ese año. El exilio fue muy activo pero doloroso. Activo porque la preparación del Congreso que derivaría en la creación del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) –cuya realización se había decidido años antes– era muy exigente: había que elaborar documentos, presentar ponencias, estudiar, pero también había que realizar todas las tareas necesarias para asegurar la infraestructura y la seguridad de los participantes. Pero el exilio era también doloroso porque la familia y los compañeros habían quedado en Uruguay donde se cerraba sobre la población una dictadura cada vez más violenta.

En febrero de 1976 se inició “la campaña de Alejandra”, un esfuerzo por retomar los vínculos con los militantes sindicales, estudiantiles y cooperativistas de Uruguay.

La desaparición

Tan febril actividad no permitía prestar suficiente atención a lo que pasaba en Argentina. Ya antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 habían desaparecido en ese país los uruguayos Darío Goñi Martínez, Washington Barrios Fernández, Natalio Abdala Dergan, José Luis Barboza Irrazábal, Eduardo del Fabro de Bernardis, Juan Micheff Jara, Wiston Mazzuchi Frantchez y Nebio Ariel Melo Cuesta.

A lo largo del mes de abril de 1976 secuestraron en Argentina a Ary Cabrera Prates, el «Brasilero», sindicalista del gremio bancario e inte- grante del PVP; a Eduardo Trinidad Espinosa; a Telba Juárez y Eduardo Chizzola. El 19 de abril apareció el cadáver de Telba, en el barrio de Barracas.

En junio fueron detenidos decenas de militantes y entre ellos a la dirección del PVP. Los ciclos de recomposición y destrucción de direcciones del PVP eran cada vez más rápidos y tras la detención de Roger Julien –junto a su compañera Victoria Grisonas y sus hijos Anatole y Victoria– Carlos Alfredo asumió su función.

El 1 de octubre Carlos esperaba en un bar con otros compañeros la hora para entrevistarse con Carlos Goessens (el Karateca), un miembro del PVP que fue informante de los militares. En ese momento no se sabía el papel de Goessens pero Carlos Alfredo vio algo raro y le dijo a sus compañeros que se quedaran en el bar mientras él se acercaba a la casa de Goessens (en Lanús). Mientras caminaba hacia allí fue secuestrado.

El segundo vuelo

El 5 de octubre un «segundo vuelo» clandestino de la Fuerza Aérea uruguaya trasladó desde Argentina a Uruguay a 22 detenidos. Negado durante años, este vuelo fue confirmado el 8 de agosto de 2005 en el informe de la Fuerza Aérea al gobierno uruguayo. El vuelo del DC-47 fue piloteado por el mayor Walter Pintos. El comandante que voló también ese día —aunque no lo recuerde— fue José Pedro Malaquín.

Según el periodista Roger Rodríguez, una fuente militar asegura que todos los pasajeros del segundo vuelo de Orletti fueron trasladados desde el aeropuerto en camiones del Ejército y, luego, llevados en el micro del Servicio de Material y Armamento (SMA) al centro de torturas 300 Carlos, adjunto al Batallón 13, donde se les conocía como «los del ómnibus». Allí, según la fuente del periodista, permanecieron vivos un mes antes de ser ejecutados en forma masiva.

Este 20 de mayo marchamos por Verdad y Justicia y Carlos Alfredo marcha con nosotros, porque está en nuestra memoria y es parte de esta historia.